Episodio 12 – Pruebas innatas: síntesis y objeciones
Síntesis de las pruebas innatas de la existencia de Dios y respuesta a cinco objeciones sobre el Corán, el islam, las fuentes y el darwinismo.
Que la paz sea con ustedes, queridos hermanos. En este episodio resumimos los puntos principales de los nueve episodios dedicados a las pruebas innatas de la existencia de Dios, exaltado sea, dentro de la serie El viaje de la certeza, y respondemos a algunas de las objeciones planteadas contra esos episodios.
Resumen de las pruebas innatas de la existencia de Dios
Explicamos que el ser humano posee una naturaleza innata y describimos algunos de sus componentes: la inclinación religiosa, las verdades racionales evidentes, el sentido moral, la conciencia de que la vida tiene una finalidad y la conciencia del libre albedrío. Mostramos cómo cada componente indica la existencia de Dios, el Altísimo, y cómo la postura islámica ante cada uno es coherente y racional.
El dilema del ateísmo ante la disposición natural
Mostramos que, por el contrario, el ateísmo cae en un dilema con cada componente innato, y que la raíz de ese dilema es su insistencia en explicar la existencia de manera materialista, rechazando la idea de un Dios que creó al ser humano con esos componentes innatos.
Vimos así que la postura atea se caracteriza por negar hechos indiscutibles que la realidad hace necesariamente evidentes; por la contradicción y la incoherencia; por llegar a conclusiones que las personas rechazan de manera intuitiva; por menospreciar el valor y la dignidad del ser humano, y por socavar la fiabilidad de su razón y de sus sentimientos.
Explicamos también que, si el ateísmo intenta escapar de uno de esos problemas, inevitablemente cae en otro. Si, por ejemplo, reconoce las verdades racionales evidentes, contradice su visión materialista; si intenta ser coherente con esa visión, acaba negando dichas verdades.
Si el ateísmo intenta escapar de la inmoralidad a la que conduce y quiere a la vez ser coherente con su visión materialista, llega inevitablemente a consecuencias inmorales que las personas rechazan intuitivamente. Por eso no le sirve al ateo decir «rechazo las afirmaciones inmorales de algunos ateos» o «rechazo que nieguen principios racionales como la causalidad»: ese rechazo lo hace contradecir su propio ateísmo.
Aun así, en muchos pasajes hemos utilizado expresiones como «el ateísmo no ve problema en esto», «esto forma parte de la moral del ateísmo» o «el ateísmo afirma esto», para evitar la objeción de que no todos los ateos lo sostienen. Las posturas que mencionamos son las consecuencias esperables del ateísmo, aunque algunos ateos no las defiendan.
El ateísmo derriba sus propios lemas
También explicamos en la serie cómo, al negar la naturaleza innata, el ateísmo socava sus propios lemas. Los ateos proclaman: «Respeto mi razón», «soy humanista: creo en el ser humano», «creo en la ciencia». En el quinto episodio mostramos cómo el ateísmo degrada la razón y la desacredita. En el sexto, el séptimo y el octavo mostramos su desprecio del ser humano y de su moral. En el quinto, el décimo y el undécimo mostramos el desprecio del ateísmo por la ciencia experimental. Así quedan socavados esos lemas.
Los ateos incurren en lo que reprochan a los creyentes
Mostramos igualmente cómo los ateos incurren en aquello mismo que reprochan a quienes creen en la existencia de Dios. Reprochan a los creyentes creer en lo oculto, aunque estos tienen pruebas de ello; mientras tanto, los ateos creen en algo oculto sin prueba, como sus explicaciones materialistas de los componentes innatos, para las cuales no tienen evidencias.
Reprochan a los creyentes decir «no sabemos por qué» como respuesta a algunas preguntas, aunque se trata de una aceptación basada en una fe racional. Sin embargo, los ateos dicen exactamente «no sabemos por qué» como respuesta a algunas cuestiones, por ejemplo al preguntar cómo explican que el ser humano posea libre albedrío, en contra de lo que exige la visión atea materialista.
Los ateos afirman que quienes creen en la existencia de Dios se engañan a sí mismos, cuando en realidad son ellos quienes se engañan, como explicamos en el episodio (¿Por qué estamos aquí, en esta vida?).
El desenlace de la negación y del ateísmo
En definitiva, algunos musulmanes tienen interrogantes, dudas y objeciones para las que no han obtenido respuestas suficientes. Puede deberse a que no han buscado respuestas en las fuentes adecuadas, a que no construyeron su fe sobre fundamentos sólidos desde el principio o a un grave defecto metodológico: no remiten los asuntos ambiguos a esos fundamentos firmes; es decir, no explican las cuestiones particulares que desconocen a la luz de los grandes fundamentos doctrinales de los que poseen prueba, y permanecen en inquietud y confusión.
A una persona así pueden acumulársele las dudas hasta negar la existencia de Dios y creer que, al hacerse atea, sale de esas dificultades. No sabe que negar la existencia de Dios es el comienzo de un camino encadenado de negación continua que conduce al nihilismo y a la contradicción.
Bajo la concepción atea que afirma que la existencia de Dios es una ilusión, ello conduce necesariamente a que desaparezca todo significado y todo valor. Se llegaría a concluir que los principios racionales son una ilusión, los valores morales son una ilusión, el sentido y la finalidad de la existencia son una ilusión, el libre albedrío humano es una ilusión y que incluso el ser humano, con sus componentes espirituales no materiales que constituyen la realidad de su humanidad, no es más que una ilusión.
Como expresó el ateo William Provine, profesor de historia de la biología de la Universidad Cornell: «Empieza por abandonar la idea de que hay un Dios activo; luego abandonas la esperanza de que haya alguna vida después de la muerte. Cuando abandonas esas dos ideas, el resto llega relativamente fácil: pierdes la esperanza de que haya principios morales absolutos y, por último, no existe libre albedrío humano. No hay la menor esperanza de un sentido profundo en la vida humana. Vivimos, morimos y desaparecemos; desaparecemos definitivamente cuando morimos».
Por tanto, joven que abandonaste tu religión y lo anunciaste ante tus compañeros celebrando que te habías librado de las preguntas y dudas que te inquietaban cuando eras musulmán, has de saber que entraste en un océano profundo y agitado de dudas, interrogantes y contradicciones. Dejaste el asidero más firme para caer en un valle profundo, y no hallarás escapatoria de esta realidad salvo cerrando los ojos ante ella.
Respuesta a las objeciones
Ahora, hermanos, respondamos a algunas de las objeciones que se plantearon contra los episodios.
Primera objeción: dirigirse al ateo mediante las aleyas
En primer lugar, en los episodios mencioné algunas aleyas y algunos objetaron que no se debe dirigirlas al ateo. Esta serie no se dirige solamente al ateo y al escéptico, sino también al creyente para que aumente su certeza, como expliqué. Aun así, incluso al dirigirse al ateo no es reprochable citar esas aleyas. Si las mencionara diciendo: «Ateo, Dios dice esto; por tanto debes aceptarlo porque Dios lo ha dicho», entonces sería correcto decir que eso no es racional, pues el ateo no acepta la existencia de un Dios desde el principio.
Pero las citamos para mostrar la coherencia del sistema islámico y la correspondencia con la realidad de lo que el islam atribuye al Dios en el que cree, frente a las contradicciones del ateísmo. La coherencia es un indicio de verdad y la contradicción, de falsedad: «Si procediera de otro que no fuera Dios, encontrarían en él muchas contradicciones» [Corán 4:82].
Más importante aún, hermanos: no es correcto afirmar de manera absoluta que no se puede interpelar al ateo con el Corán. Muchos versículos contienen argumentos racionales que sí se le pueden presentar, como estas palabras del Altísimo: «¿Acaso surgieron de la nada o son ellos sus propios creadores?» [Corán 52:35]. Argumentamos con la prueba racional contenida en el versículo; no le exigimos aceptar una afirmación por el mero hecho de que aparezca en el Corán. No hemos dicho, por ejemplo: «Ateo, el Corán dice que Dios existe, así que debes creer que existe». No hemos dicho eso.
Segunda objeción: demostrar la existencia de «Allah», no solo de un «dios»
En segundo lugar, algunos objetaron: «De tus discusiones dedujiste la existencia de Allah, y Allah es el nombre de Dios en la perspectiva islámica», mientras que «lo máximo que demuestran los episodios es la existencia de una divinidad». «Afirmar que has demostrado la existencia del Dios islámico, según la expresión del objetor, es un salto a una conclusión arbitraria que excede lo demostrado».
La respuesta, hermanos, es que los episodios apuntan a ambas cosas: la existencia de un Creador que gobierna el universo y algunos atributos de ese Creador que su creación revela. Solo el islam ofrece una concepción correcta de Sus atributos. Los libros alterados, como el que se llama Biblia, atribuyen al Creador descripciones impropias: que luchó con Jacob hasta que este estuvo a punto de vencerlo, que descansó tras crear los cielos y la Tierra, entre otras. Son descripciones incompatibles con los atributos divinos de poder y sabiduría de los que hablamos en la serie.
Además, en el sexto episodio, por ejemplo, explico que la existencia de Dios con atributos de perfección absoluta fundamenta la existencia de valores inmateriales como el bien y la verdad, y proporciona una base absoluta para la moral. Las pruebas llevan efectivamente a concluir que, al demostrar la existencia de un Señor, este debe corresponder a la descripción islámica: una descripción acorde con las manifestaciones de Su poder, conocimiento, sabiduría y misericordia, que implican Su divinidad y que merece ser adorado por esos atributos. Mencionar el nombre de Allah no supone, por tanto, ningún salto ni excede lo demostrado.
Tercera objeción: la verdad del islam y la falsedad del ateísmo
En tercer lugar, algunos objetaron: «Fundamentas la verdad del islam en la falsedad del ateísmo, cuando la falsedad del ateísmo no implica necesariamente que el islam sea verdadero». En realidad, no he afirmado eso en estos episodios ni he basado la verdad del islam en refutar el ateísmo. Los once episodios anteriores son solo el comienzo de una serie que será larga, si Dios quiere. Solo hemos tratado las pruebas innatas de la existencia de Dios, junto con algunas enseñanzas adicionales. Las pruebas innatas son únicamente una parte de las pruebas de Su existencia. Aún no hemos examinado los demás elementos que acreditan la verdad del islam: la condición de profeta de Muhammad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él; que el Corán es la palabra de Dios; y la legislación islámica.
Cuarta objeción: uso de términos ingleses
En cuarto lugar, algunos objetaron el uso de ciertos términos y citas en inglés. Hermanos, lo hicimos por varios motivos. Uno fue documentar mejor la exactitud de algunas citas: hay afirmaciones de ateos y darwinistas tan extrañas e impactantes que resultan casi increíbles. Algunos podrían pensar que el original no puede decir lo que hemos citado, sino que lo hemos alterado o traducido de manera imprecisa. Por eso presentamos el texto tal como aparece en su fuente, para reforzar su documentación.
A veces damos el título de una fuente en inglés para facilitar que quien nos sigue la consulte, compruebe lo dicho y profundice si lo desea, especialmente porque muchas de las fuentes citadas no están traducidas. Otras veces utilizamos términos que no tienen un equivalente árabe habitual en la comunidad científica y los mantenemos en su forma original para que el público entienda de qué hablamos.
Quinta objeción: la teoría de Darwin
En quinto lugar, hermanos, traté una cuestión concreta relacionada con lo que se llama teoría de Darwin: las consecuencias morales de la evolución darwinista y su explicación de los componentes innatos y de algunos comportamientos. Algunos creyeron que con ello debatía la teoría misma y se pusieron a defenderla, a intentar probar su validez y a esperar que respondiera a sus palabras. Quiero señalar aquí que mi metodología en esta serie es la delimitación, la precisión y la distinción de unas cuestiones respecto de otras. Hasta ahora no he tratado la evolución darwinista misma; su discusión científica detallada llegará, si Dios quiere, después de tratar las pruebas racionales de la existencia de Dios.
Conclusión
Con esto concluye la exposición de las pruebas innatas de la existencia de Dios. Pasaremos después a las pruebas racionales, con muchas respuestas y discusiones convincentes y útiles, si Dios, el Altísimo, quiere. Sigan con nosotros. Que la paz y la misericordia de Dios sean con ustedes.
Fuente: Sitio oficial del Dr. Eyad Qunaibi.