El corazón testifica

La experiencia personal de cada uno

Oraciones atendidas, decisiones inesperadas y pruebas superadas: el artículo explora la experiencia personal como testimonio de la existencia de Dios.

La experiencia personal de cada uno

Conocer a Dios a través de nuestras propias experiencias

¿Quién, si no, responde al necesitado cuando este Le invoca?

A lo largo del tiempo, quienes se han dirigido a Dios, en el pasado y en el presente, han recibido millones de respuestas a sus plegarias. La simple coincidencia no puede explicar esas respuestas inmediatas. Son también experiencias personales: ¿quién de nosotros no ha alzado alguna vez las manos al cielo para pedir a su Creador que lo libre de un problema o una angustia? Cuando nuestra petición es sincera, la respuesta divina llega muy pronto. Así reconoce nuestro corazón la existencia de un Dios que escucha y atiende las súplicas de Sus siervos:

62. ¿Acaso Quien responde al afligido cuando Lo invoca, alivia los pesares y los ha hecho a ustedes los responsables de la Tierra [puede equipararse a quien no es capaz de hacer nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Dios? Pocos son los que reflexionan.Corán — sura An-Naml (27:62)Fuente : QuranEnc.com — Spanish Translation - Isa Garcia — v1.0.2

La respuesta de Dios a nuestras súplicas adopta a veces una forma espectacular, incluso milagrosa. Numerosos relatos y testimonios lo atestiguan: «La radio de Damasco anunció en su informativo del 10 de enero de 1965, a las tres menos cuarto de la tarde, citando la Revista de Investigaciones Médicas publicada en Inglaterra: “Un joven llevaba trece años padeciendo una enfermedad crónica. Ningún tratamiento médico había logrado aliviarlo. Finalmente lo visitó un último médico que, tras examinarlo, concluyó que no había posibilidades de curación. El paciente le preguntó, desesperado: ‘¿Ninguna posibilidad, doctor?’. El médico confirmó el diagnóstico y añadió, sin mucha convicción: ‘¡Solo le queda una posibilidad! ¡Rece a Aquel que está en el cielo! ¡Invóquelo!’. Por primera vez, aquel joven que llevaba trece años sufriendo alzó las manos al cielo e invocó a Dios. Una semana después, el médico volvió a visitarlo y quedó asombrado: lo encontró completamente restablecido, curado de una enfermedad que los médicos no habían podido tratar”». Said Hawa, Dios, exaltado sea: que Su grandeza sea magnificada. Otro testimonio es la salat al-istisqa, la oración para pedir lluvia, que los musulmanes realizan en épocas de sequía. Desde los tiempos del Profeta hasta nuestros días, esta oración ha recibido a menudo una respuesta divina. En ocasiones ha sido inmediata y Dios ha hecho llover mientras los creyentes aún estaban rezando.
No disponemos de tiempo ni espacio para relatar siquiera una milésima parte de estos testimonios. Basta concluir que conocer la existencia de Dios mediante las respuestas a las plegarias constituye una evidencia subjetiva: una prueba del corazón que refuerza las pruebas de la razón. Por ello, tanto creyentes como ateos deberían examinarla.

Aquel que se interpone entre el ser humano y su corazón

¡Otro argumento nos concierne a todos! ¿Nunca hemos salido de casa con la intención de hacer algo para lo que lo habíamos preparado todo y puesto todo nuestro empeño? Y, de pronto, en el último momento renunciamos, como si una fuerza misteriosa nos guiara hacia otra elección en la que nunca habíamos pensado ni para la que habíamos pasado noches preparándonos. Después comprendemos que el bien estaba en lo que pudimos hacer, no en lo que se nos escapó.
¿Quién nos apartó de nuestra primera decisión? ¿Quién hizo que obtuviéramos lo contrario de lo que queríamos? ¡Dios! Él tiene en Su «mano» la creación y la decisión, y «se interpone entre el ser humano y su corazón».

El protector

¿No hemos sufrido nosotros, o alguien conocido, al menos una vez en la vida, una desgracia de la que sentíamos que ningún ser vivo podía librarnos, porque todos eran demasiado débiles para ayudarnos? Quizá incluso deseaban nuestro mal y nos tendían las trampas más pérfidas. Cuando ya hemos desesperado de los seres humanos y perdido toda esperanza, aparece de pronto una luz: brota una chispa de esperanza en el corazón y la serenidad nos llena de paz, sin que sepamos de dónde procede. Después de unas horas, días o meses, la desesperación se disipa, las tinieblas desaparecen y ante nuestros ojos desfila un cortejo de esperanzas que ahuyenta las hordas del desaliento. Las luces de la victoria sustituyen a las sombras de la derrota, y detrás de todo se perfila un Poder que ha girado para nosotros el timón de la vida.
Entonces nos llenamos de compasión por nuestro enemigo y por quien nos abrumó con su injusticia, aunque en un pasado cercano o lejano fuera la causa de nuestras penas y nuestra desesperación. ¿Quién cambió la situación pese a nuestra impotencia total, cuando nuestros enemigos tenían el poder y los medios para dañarnos? ¿Quién nos concedió esa victoria? ¿Quién devuelve la vida, la fuerza y la dignidad? ¿Quién nos devuelve la esperanza perdida y restablece la seguridad en nuestra vida?
Reconozcámoslo sin demora: «¡Es Dios, exaltado sea!».
Dios, exaltado sea, dice:

36. ¿Acaso Dios no es suficiente [como Protector] para Su siervo? Pero ellos [los idólatras] intentan atemorizarte con sus ídolos [a los cuales adoran] en lugar de Él. Y a quien Dios permite que se desvíe nadie lo podrá guiar.37. A quien Dios decretó que siguiera la guía, no habrá nadie que lo pueda desviar. ¿Acaso no es Dios Poderoso y el dueño de la retribución [que merecen]?Corán — sura Az-Zumar (39:36–37)Fuente : QuranEnc.com — Spanish Translation - Isa Garcia — v1.0.2