Viaje de la certeza

Episodio 9 – Robots de carne

¿Somos libres o nos gobiernan los genes? El Dr. Eyad Qunaibi examina el libre albedrío, la responsabilidad moral y las explicaciones materialistas.

Robots de carne

Que la paz sea con ustedes.

El islam enseña que forma parte de la naturaleza innata que el Creador ha puesto en el ser humano su conciencia de disponer de libre albedrío en los actos que puede elegir. Ese libre albedrío es una manifestación de la justicia divina: el ser humano asume las consecuencias de sus decisiones, de modo que Dios lo recompensa si obra bien y lo castiga si obra mal.

Y el ateísmo dice: no hay Creador, ni disposición natural, ni alma; más bien somos solo materia, un conjunto de átomos.

El libre albedrío en el pensamiento ateo

Se pregunta a los ateos: ¿cómo explican que el ser humano sienta que puede elegir libremente sus actos? ¿Comprar o no comprar, hablar o no hablar, escribir o no escribir? Los átomos que componen al ser humano no tienen conciencia ni capacidad de elección; simplemente obedecen leyes bioquímicas conocidas.

Si lo que nos gobierna es la naturaleza material de esos átomos, si nuestros actos son el mero resultado de genes e impulsos de células nerviosas surgidos por azar, entonces no somos más que robots programados para realizar determinadas acciones. ¿Han visto alguna vez a un robot elegir por sí mismo una acción distinta de aquella para la que fue programado? Según su materialismo, nosotros también somos robots, solo que de carne en lugar de metal. ¿Cómo explican entonces el libre albedrío?

Esta es una de las preguntas a las que los ateos responden con confusión y desconcierto. Como en este encuentro entre Richard Dawkins y Lawrence Krauss, donde Dawkins reconoce que esta pregunta lo asusta, y que sus convicciones racionales materialistas sobre la inexistencia de el libre albedrío contradicen su fuerte impresión personal de que existe.

Y, como suelen hacer los ateos… eludieron el problema negando verdades evidentes y contradiciendo los principios elementales de la razón. Muchos negaron la existencia del libre albedrío, como antes habían negado las verdades racionales necesarias, el valor de la moral, la inclinación religiosa y la conciencia de que la vida tiene una finalidad.

La negación de el libre albedrío y sus consecuencias

Así, Dawkins dice en su libro El río del Edén: «El código genético no se preocupa ni sabe; simplemente existe, y nosotros bailamos al son de su música». Dicho de otro modo: somos robots gobernados por los genes.

El neurocientífico ateo Sam Harris escribe un libro titulado Libre albedrío, al comienzo del cual afirma: «El libre albedrío es una ilusión». En él describe al ser humano como una «biochemical puppet», una marioneta bioquímica, idea que también expresa la imagen de la portada. Aun así, presume en ella de ser autor de un éxito de ventas titulado El fin de la fe. Ese es el gran logro difundido por los ateos que se presentan como ilustrados: convencer a sus seguidores de que no hay Dios y de que son meras marionetas.

Y el profesor de ecología y evolución Jerry Coyne escribe un artículo titulado «No tienes libre albedrío». Esa es, en efecto, la visión coherente con el ateísmo y el enfoque materialista: el libre albedrío no puede existir.

Pero... ¿realmente escaparon los ateos del dilema con esta negación? ¿O se arrojaron a sí mismos a un mar de contradicciones y preguntas interminables?

Las contradicciones de negar el libre albedrío

Si el ser humano carece realmente de elección, ¿cuál es la justificación para castigarlo si delinque, mata, roba, viola, tortura y comete todas las atrocidades? ¿Por qué lo castigamos... si es víctima de sus genes, que lo dirigen contra su voluntad? Y si quien actúa con generosidad, altruismo y sacrificio está obligado a sus actos, ¿cuál es la justificación para elogiarlo?

Además, ¿no es extraño que Sam Harris, quien describe a las personas como marionetas bioquímicas, sea el mismo que propuso lanzar una bomba nuclear contra los musulmanes para librarse del mal que les atribuye? ¿No resulta extraño también el enorme empeño de los ateos por erradicar lo que llaman «la ilusión de Dios», frente a su evidente falta de interés por eliminar lo que consideran otra ilusión: el libre albedrío humano? ¡Y eso que esta ilusión lleva a castigar a esos pobres criminales, obligados a delinquir!

Además, si el libre albedrío no existe, si el creyente está obligado a creer y el ateo a ser ateo, ¿por qué se esfuerzan tanto los ateos por difundir su ateísmo, si el ser humano no tiene una voluntad real con la que pueda cambiar de creencias?

¿No es muy curioso que los ateos escriban libros para convencernos de que el libre albedrío no existe? Eso significaría que escribirlos no implica ningún acto racional: serían simples letras ordenadas bajo el impulso de reacciones bioquímicas. Y sabemos que esas reacciones no tienen por objetivo buscar la verdad, y mucho menos encontrarla.

¿Y qué valor tendría aprender si el ser humano careciera de libre albedrío para elegir los conocimientos verdaderos y descartar los falsos, si se viera impulsado inevitablemente hacia determinadas conclusiones, fueran verdaderas o falsas? ¿Acaso no sabemos que el sentido original de la palabra árabe aql, «razón», es «impedir»? La razón impide que el ser humano se deje arrastrar por cualquier cosa, como un animal. ¿No carecerían entonces de razón los ateos? Al negar el libre albedrío, se ven impulsados a actuar sin nada que los frene.

¿No resulta gracioso, después de todo esto, que los ateos se llamen «librepensadores», en inglés «free thinkers»? Si niegan el libre albedrío y los axiomas de la razón —como explicamos en el quinto episodio—, el ser humano no puede pensar ni ser libre. ¿No resulta gracioso que los ateos hablen de la dignidad humana cuando su ateísmo implica un ser humano sin razón, sin moral, sin finalidad y sin libre albedrío, una mera escoria química que el azar mueve como a una marioneta?

Son preguntas interminables que golpean de frente a los ateos que negaron el libre albedrío y el alma, y afirmaron que somos mera materia y que nuestros genes nos gobiernan.

Las explicaciones genéticas del ateísmo: ¿son científicas?

Pero queda otra pregunta muy importante: cuando los ateos no lograron explicar fenómenos innatos que, en apariencia, no son materiales —como la inclinación religiosa, el sentido moral y el libre albedrío—, eludieron lo que estos indican sobre la existencia del Creador y los atribuyeron a los genes. ¿Tienen alguna prueba científica de esa explicación alternativa? ¿O se trata de una fe ciega en algo que no pueden observar y de lo que no tienen prueba alguna? ¿Una ilusión con la que tapan sus lagunas de conocimiento? ¿Es científica esa explicación de los científicos ateos o se engañan a sí mismos y a los demás?

Lo sabremos en el próximo episodio, si Dios quiere. Que la paz sea con ustedes.


Fuente: Sitio oficial del Dr. Eyad Qunaibi.