La ciencia bajo el yugo de los grupos de presión ateos
El artículo analiza la presión ideológica y la discriminación que, según sus argumentos y testimonios, afrontan los científicos creacionistas.
En un artículo anterior vimos que numerosos científicos del pasado y del presente afirman y defienden la existencia y la grandeza del Creador. Sostienen que han llegado a esa conclusión a través de la ciencia. Sin embargo, hay que reconocer el valor de los científicos actuales que expresan abiertamente su fe en Dios y refutan en público las ideas materialistas. Desde finales del siglo XIX, los círculos científicos de ciertas disciplinas están dominados por un grupo de presión ateo. Este influye en la orientación de la ciencia, obligando a los investigadores a basar sus trabajos en hipótesis falsas. Además, discrimina a los científicos llamados «creacionistas», lo que intimida a otros que ya no se atreven a expresar muchas de sus tesis por miedo a ser víctimas de la «inquisición» materialista.
A continuación estudiaremos este mal que aqueja a la comunidad científica y refutaremos algunas ideas preconcebidas sobre la ciencia y su orientación.
Científicos dogmáticos
La mayoría de la gente cree que el discurso científico es independiente de los prejuicios ideológicos y filosóficos de las personas, y que los científicos son individuos objetivos sin motivaciones ideológicas ocultas.
Sin embargo, muchos científicos profesan ideologías que a veces defienden ciegamente. El ejemplo más claro es la teoría de la evolución. Muchos «científicos» la aceptan porque justifica, en cierto modo, la negación de Dios que han adoptado, y no porque tengan pruebas irrefutables de su veracidad. Cabe señalar que muchos abrazan el ateísmo antes de convertirse en científicos, por lo general en la adolescencia.
Por eso algunos científicos emplean un lenguaje muy dogmático al hablar de la teoría de la evolución o de una interpretación materialista del mundo. Pierre Teilhard, uno de los darwinistas más célebres, afirma que la evolución es «una luz que ilumina todos los hechos, una curvatura a la que deben ajustarse todos los trazos». Otro célebre materialista y evolucionista,
el genetista de Harvard Richard Lewontin, explica su entrega al materialismo dogmático con estas palabras:
«No son los métodos ni las instituciones de la ciencia los que nos obligan a aceptar una explicación material del mundo de los fenómenos. Al contrario, nuestra adhesión a priori a las causas materiales nos obliga a crear un sistema de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materiales, aunque resulten contrarias a la intuición o desconcertantes para el profano. Además, este materialismo es absoluto, de modo que no podemos permitir que entre en escena una explicación divina». Richard Lewontin, The Demon-Haunted World, The New York Review of Books, 9 de enero de 1997, p. 28.
Al escucharlos, parece que hubieran jurado defender su religión a cualquier precio. El físico británico H. S. Lipson llama la atención sobre esta idea de religión:
«De hecho, la evolución se ha convertido, en cierto sentido, en una religión científica. Prácticamente todos los científicos la han aceptado, y muchos están dispuestos a “retorcer” sus observaciones para que encajen con ella». H. S. Lipson, A Physicist Looks at Evolution, Physics Bulletin, vol. 31, 1980, p. 138.
Aunque la ciencia refuta sus afirmaciones, siguen imponiendo su visión materialista a las conclusiones científicas. Lo que sostienen, en realidad, es: «Sean cuales sean las pruebas, no creeremos en Dios». El célebre evolucionista Robert Shapiro expresa esta postura:
«Puede llegar un día en que todos los experimentos químicos bien fundamentados hayan fracasado claramente en establecer un origen probable de la vida. Además, nuevas pruebas geológicas podrían indicar que la vida apareció de repente en la Tierra. Por último, podríamos haber explorado el universo sin encontrar en ninguna parte rastros de vida ni de procesos que condujeran a ella. En tal caso, algunos científicos podrían buscar una respuesta en la religión. Otros, sin embargo, entre los que me incluyo, intentarían ordenar las hipótesis científicas menos probables —puede entenderse: materialistas— con la esperanza de encontrar una más verosímil que las demás». Robert Shapiro, Origins: A Skeptic's Guide to Creation of Life on Earth,
En el Corán, Dios nos ofrece varios ejemplos de personas que decidieron permanecer incrédulas pese a todas las pruebas. Por ejemplo, los egipcios dijeron a Moisés, después de que este les mostrara varios milagros:
132. Dijeron: “Cualquiera que sea el milagro que nos presentes para hechizarnos con él, no creeremos en ti”.Corán — sura Al-A'raaf (7:132)Fuente : QuranEnc.com — Spanish Translation - Isa Garcia — v1.0.2
Tenían la misma predisposición que los materialistas de hoy. Dios se refiere a estas personas de esta manera :
25. Hay entre ellos quienes [parece] que te prestan atención [cuando recitas el Corán], pero [a causa de su incredulidad] he puesto sobre sus corazones un velo y he ensordecido sus oídos, por ello no pueden comprenderlo. Aunque vieran toda clase de signos, no creerían. Se presentan ante ti solo para debatirte, y dicen: “Esto no es más que una fábula de los antiguos”.Corán — sura Al-An'aam (6:25)Fuente : QuranEnc.com — Spanish Translation - Isa Garcia — v1.0.2
109. [Los que se niegan a creer] juran seriamente por Dios que si se cumpliera uno de los milagros [que solicitaron] creerían. Diles: “Solo Dios dispone de los milagros”. ¿Y qué les hará entender, que aun cuando se cumpliera [el milagro que pedían] no creerían?Corán — sura Al-An'aam (6:109)Fuente : QuranEnc.com — Spanish Translation - Isa Garcia — v1.0.2
Los científicos influenciados
Cuando un científico se fija metas como la riqueza, la posición social, la reputación o el prestigio, le resulta muy difícil hacer sacrificios y es fácil apartarlo de la honestidad científica. Si una conclusión de sus investigaciones contradice la opinión convencional de la comunidad científica, puede verse obligado a silenciarla para no perder su renombre ni sufrir desprestigio o una degradación profesional.
Esto les ocurre hoy a muchos científicos que se encuentran ante hechos
![]() «Diseño» es la palabra que viene a la mente al hablar de este tema. A mis colegas biólogos no les gusta. (H. S. Lipson). |
científicos que muestran que la evolución y las tesis materialistas no pueden explicar el origen del universo y de la vida. En vez de sacar las conclusiones lógicas, se ven obligados a forzar sus observaciones para ajustarlas a la visión materialista, por temor a una reacción negativa. H. S. r> «Hoy sabemos mucho más sobre la materia viva que Darwin en su época. Sabemos cómo funcionan los nervios, y considero cada uno de ellos una obra maestra de la ingeniería eléctrica. En nuestro cuerpo tenemos miles de millones de esos nervios… “Diseño” es la palabra que viene a la mente al hablar de este tema. A mis colegas biólogos no les gusta». H. S. Lipson, A Physicist's View of Darwin's Theory, Evolutionary Trends in Plants, vol. 2, n.º 1, 1988, p. 6.
Esta confesión de Lipson muestra la magnitud del fenómeno: ni siquiera puede utilizarse la palabra «diseño», simplemente porque a algunas personas no les gusta oírla.
Discriminación contra los científicos creacionistas
Otra muestra del dogmatismo y la intolerancia de este grupo de presión ateo es la discriminación contra los científicos que declaran abiertamente creer en la creación por Dios. En 2008 se estrenó en Estados Unidos el documental Expelled: No Intelligence Allowed, cuyo título significa «Expulsados: no se permite la inteligencia».
![]() Expelled fue considerado el mejor documental de 2008. |
Este documental presenta las distintas formas de discriminación que sufren los científicos creacionistas. «A los científicos ni siquiera se les permite pensar que pueda intervenir un creador inteligente», decía Ben Stein, productor de la película. Entre los testimonios del documental figuran los siguientes:
— «Basta con alzar la voz y cuestionar el darwinismo: tu carrera se ha acabado», declara Caroline Crocker, destacada farmacóloga estadounidense que afirma haber sido despedida de la Universidad George Mason por mencionar el diseño inteligente en clase.
— «Me veían como un terrorista intelectual», decía Richard Sternberg, conocido biólogo que denunció al Museo Smithsonian de Washington por presentarlo como un fundamentalista religioso. Había participado en la publicación de un estudio científico en 2003 con Stephen Meyer, figura destacada del neocreacionismo. Sternberg también afirma: «Lo que pido es libertad para seguir las pruebas allí donde me lleven».
— «Intenta cuestionar el darwinismo y descubrirás lo arriesgado que es», dice John Polkinghorne, especialista en física de partículas.
Otros hechos ponen de relieve esta discriminación, tanto en las publicaciones en revistas científicas de prestigio como en la concesión de premios. Por ejemplo, el estadounidense Raymond Damadian, inventor del escáner médico de resonancia magnética utilizado para detectar células cancerosas, es un científico creacionista. En 2003 se le negó el Premio Nobel de Medicina, que se otorgó a otros investigadores, Paul Lauterbur y sir Peter Mansfield, que habían trabajado en la misma invención. Esto ocurrió pese a que el Nobel suele concederse a los inventores, no a quienes perfeccionan una invención. Michael Ruse, filósofo de la ciencia firmemente evolucionista, admite en un artículo titulado «El Premio Nobel de Medicina: ¿hubo un factor religioso en la exclusión de este año?»: «Creo que a Raymond Damadian se le negó este honor debido a sus convicciones religiosas».
El perjuicio causado a la ciencia por el grupo de presión ateo
Cuando un científico investiga un tema concreto, comienza formulando una «hipótesis». Después la pone a prueba: si concuerda con los experimentos científicos, se convierte en ley; si no, se rechaza y se formula y prueba otra. La formulación de la hipótesis está estrechamente ligada a las convicciones personales del investigador. Si cree erróneamente que la materia puede organizarse por sí sola, puede dedicar años a intentar demostrarlo en el laboratorio. Si se aferra a esa creencia, la investigación puede prolongarse toda la vida. Por ejemplo, el evolucionista N. Heribert-Nilsson, director del Instituto de Botánica de la Universidad de Lund, Suecia, declara con pesar: «Mi intento de demostrar la evolución mediante un experimento de más de cuarenta años ha fracasado por completo». The Earth Before Man, p. 51.
La razón es que partió de una hipótesis falsa. El problema no es partir de una hipótesis equivocada, sino seguir defendiéndola después de que la experimentación la haya refutado. Un método científico riguroso exige rechazar cualquier hipótesis cuando los hechos la desmienten. Muchos científicos no lo hacen con las hipótesis materialistas impuestas por la filosofía atea. El resultado es una enorme pérdida de tiempo, recursos científicos empleados en vano y millones de dólares invertidos sin resultados significativos.
Estos esfuerzos desperdiciados frenan el avance de la ciencia. Ignorar la evidencia de la creación es la causa directa de este mal. Sin embargo, «la ciencia no avanza ignorando lo que parece evidente», como afirma Michael Behe, profesor de Bioquímica de la Universidad de Lehigh.
Sin duda, algún día la humanidad comprenderá cómo un mito como la evolución pudo engañarla durante tanto tiempo. Al respecto, el científico escandinavo Soren Lovtrup sostiene:
«Supongo que nadie negará que es una gran desgracia que una rama entera de la ciencia se entregue a una teoría falsa. Pero eso es lo que ha sucedido en biología: desde hace mucho, se discuten los problemas evolutivos con un vocabulario “darwiniano” particular —“adaptación”, “presión selectiva”, “selección natural”, etcétera—, creyendo contribuir así a explicar los fenómenos naturales. No lo hacen… Creo que algún día el mito darwiniano se considerará el mayor engaño de la historia de la ciencia». Soren Lovtrup, Darwinism: The Refutation of a Myth, Nueva York: Croom Helm, 1987, p. 422.

