Episodio 28 – ¿Quién robó el millón?
Una acusación de robo ilustra el argumento de Eyad Qunaibi sobre los fósiles de transición y las consecuencias que, según él, exige la evolución sin plan.
¿Quién robó el millón?
Empleado: ¡Felicidades por la nueva oficina, señor director! Director: Pero no estoy contento. Empleado: ¿No está contento? ¿Por qué no está contento? Director: Tengo la sensación de que esta caja fuerte contenía un millón de dinares. Empleado: ¿Un millón de dinares? ¿De dónde salieron? Director: Había un millón, estoy seguro. Empleado: Bien, ¿adónde fueron? Director: Riad los robó. Empleado: ¿Riad? Director: Sí. Empleado: Riad es un empleado respetable; ¿no encontró a nadie más que a Riad? ¿Tiene alguna prueba contra él? Director: En cuanto sospeché lo ocurrido, cerré electrónicamente las puertas de la empresa. Llamé a Riad aquí, lo registré y encontré una piastra en el bolsillo de su camisa. Aquí está la foto. Empleado: ¿Qué piastra, señor director? ¡Es claramente una mancha de café! Director: Pues lo registré; registré el bolsillo de su pantalón y encontré un chelín. Te digo que no hay otro que Riad. Empleado: ¿Un chelín? Puede tener más de una explicación; quizá lo llevaba de antes. ¿Por qué decidió que era robado? Director: ¡Tú solo quieres defenderlo como sea! Estoy seguro; no lo acuso sin pruebas. Registré el otro bolsillo del pantalón y encontré diez piastras. ¡Te digo que lo registré de arriba abajo! Empleado: ¿Qué son diez piastras y un chelín, señor director? ¡Estamos hablando de un millón de dinares! ¿Dónde está? Director: En el futuro se descubrirán más. ¡Quizá resulte que Riad se tragó el millón!
El mito de la evolución y los fósiles transicionales
Con esta lógica hablan los seguidores del mito de la evolución de un fósil aquí o allá como si fuera de seres transicionales que prueban su evolución mediante mutaciones aleatorias y la selección natural ciega. Te dicen: la teoría de la evolución exige que haya fósiles de seres transicionales, es decir, eslabones intermedios entre especies distintas, y los científicos ya han descubierto tal y tal número de fósiles de organismos transicionales. Luego te explican hace cuántos millones de años existieron, según pretenden, como en este fragmento de Richard Dawkins.
Dejemos ahora de lado la falsificación y la mala interpretación de esos fósiles a los que alude Dawkins, como mostraremos en los comentarios; y dejemos de lado el hecho de que aquello a lo que alude no son fósiles, como afirma, sino fantasías que han tejido sobre fósiles.
La cantidad, no el tipo
Lo importante es que estos han evadido lo que se sigue necesariamente del mito. El mito no exige simplemente que haya algunos seres transicionales o eslabones intermedios, sino un número incontable de tales seres: cantidad además de tipo. En inglés, cantidad "Quantity", no solo tipo "Quality". Veámoslo.
Muchos científicos darwinistas sostienen que el ser humano procede de un pez, y en sus sitios web encuentras un dibujo como este de la evolución del pez hasta el ser humano. Tomemos solo dos organismos de esta supuesta línea evolutiva: algo parecido a un ratón que se transformó en algo parecido a un mono. ¿Qué hace falta para que ocurra esa evolución?
En el episodio "Háblales como a niños" mostramos lo absurda que es la idea de que mutaciones aleatorias produzcan un cambio sencillo en el propio organismo, como el alargamiento del cuello de la jirafa, especialmente si tenemos en cuenta los cambios que ello exige en los sistemas internos del cuerpo y en la codificación genética; no es un juego ridículo de plastilina al modo de los seguidores del mito.
En este episodio diremos: de acuerdo, sigamos el juego al embaucador hasta el final y tratemos el asunto como si fuera plastilina. ¿Qué requeriría esa transformación con el método de la plastilina? Cada punto de la flecha que une los dos seres representa un organismo de transición. Hay muchísimos puntos porque representan cambios pequeños, graduales y lentos, como dicen los seguidores del mito.
Cada milímetro de la línea representa que las patas del ratón se alargan poco a poco y muy lentamente, que su cola crece poco a poco y que las dimensiones de su cabeza cambian poco a poco. Tras cientos de millones de años y una cantidad incontable de organismos transicionales, el ratón se convirtió en mono. Se supone, pues, que el ratón y el mono están sumergidos en medio de un mar de organismos transicionales. ¿Dónde están esos organismos transicionales incontables? No existen sobre la superficie de la Tierra.
De acuerdo, hagamos esa concesión y bajemos bajo tierra. ¿Dónde están en el registro fósil? En él tenemos una cantidad enorme de fósiles de los distintos seres que vemos hoy, exactamente como son. Solo encontramos unos pocos fósiles menos claros a los que los seguidores del mito se aferran como si fueran seres de transición. Hablar de un fósil aquí y otro allá de supuestos seres intermedios resulta más absurdo que presentar una piastra y un chelín como pruebas del robo de un millón de dinares. ¡Y más aún cuando la ciencia correcta no tarda en refutar esas afirmaciones! Vimos ejemplos en el episodio (Al servicio del mito). Es decir: piastras y chelines fraudulentos y falsificados.
Darwin entendía esto, y por eso afirmó que su mito exige que encontremos un número incontable de fósiles de organismos transicionales, incontable. En sus palabras: en inglés, números sin límite / innumerables. Mostró su inquietud por su ausencia, pero confió en que el registro fósil se completaría en el futuro, exactamente como el director confió en la posibilidad de que Riad se hubiera tragado el millón de dinares.
Muchísimos fósiles de los organismos que conocemos, sin nada de lo que Darwin imaginó, pese a que deberían estar sumergidos en mares de organismos transicionales. Sin embargo, confían en descubrir más. Después de ciento treinta años de las esperanzas y sueños de Darwin, se han reunido fósiles de más de (100) mil tipos de organismos, y la ausencia de los supuestos fósiles transicionales es aún mayor que en los días de Darwin, como en este artículo que llegó hasta el New York Times.
Con ello les hemos mostrado, hermanos, qué entendemos por uno de los métodos de los seguidores del mito: evadir lo que necesariamente se sigue de su mito.
La ausencia de plan en la evolución aleatoria
¡Pero un momento, hermanos! Hay algo muy importante. Todo lo dicho parte de que queremos transformar un ser en otro siguiendo un plan: ir del punto A al punto B. Sin embargo, Darwin dice en El origen de las especies que no hay un plan de creación, y sus seguidores lo recalcan: ¡no hay plan, intención, finalidad ni diseño! «No plan of creation, no purpose, no design». Esas expresiones les repugnan y les provocan una fobia que los llevó a sustituir «adaptation», adaptación, por la imaginaria «exaptation», exaptación, tan imaginaria como sus seres hipotéticos. Lo hicieron solo porque «adaptation» está cargada de la intencionalidad que combaten, como mencionamos en (Las bacterias que digieren citrato).
¿Qué significa que no haya un plan de creación? Imagina primero este círculo que queremos transformar, con un plan definido, en un cuadrado. ¿Qué hace falta para transformarlo gradualmente? Cada forma que aparece ante ustedes representa una etapa transicional que difiere ligeramente de la anterior, y la forma grande del centro amplía la etapa a la que hemos llegado en cada punto del tiempo. Así, el círculo cambia lentamente: le aparecen ángulos poco a poco, esos ángulos se vuelven puntiagudos poco a poco, el contorno del círculo adopta lados poco a poco, hasta llegar a un cuadrado.
Imagina, en cambio, que este círculo cambia aleatoriamente, sin plan ni intención. ¿Qué ocurrirá entonces? Producirá formas aleatorias en todas las direcciones. Algunas de estas formas se extinguirán mediante selección natural, y otras permanecerán y cambiarán, también al azar, en todas las direcciones. Pero ¿qué pasa con el cuadrado? ¿Qué cuadrado? ¡No hay nadie que pretenda transformar el círculo en un cuadrado! Quizá algún día una de las formas aleatorias aptas para sobrevivir se convierta en un cuadrado, pero después de un número inimaginable de formas caóticas y absurdas que surgieron antes y de las cuales el registro fósil conservará una parte.
Los cambios de los que hablamos en el ratón para convertirlo en mono son cambios realizados deliberadamente dentro de un plan, como los que hicimos deliberadamente para convertir el círculo en cuadrado. Puesto que no hay plan para los seguidores del mito, es engañoso que partan de un organismo y dibujen una línea hacia otro, haciendo creer a la gente que lo requerido es encontrar organismos transicionales entre ambos, como hicimos con el círculo que planeamos transformar en cuadrado.
Más bien, según su mito, el organismo se parece a un ciego al que se le dice: ¡muévete! ¿Hacia dónde me muevo? Amigos, ¿me muevo al norte, al sur, al este, al oeste? ¿Subo al cielo, bajo a la tierra? Muévete y ya está. Entonces nuestro hombre se mueve sin orientación en todas las direcciones. Un grupo de ratones se transforma en numerosos seres caóticos; algunos se extinguen y otros se transforman sin guía ni plan. Quizá algún día uno de ellos se transforme en mono, después de que la tierra, el cielo, la tierra firme y el mar se llenen de incontables organismos absurdos y caóticos.
Los sacerdotes del mito dicen que no hay un plan de creación y a la vez construyen sus escenarios suponiendo que existe. Dibujan una línea entre dos seres, cuando su proceso sin rumbo se parece más a una reacción de fisión que a una línea recta. Por eso, hermanos, sus términos «eslabones intermedios» y «seres de transición» son engañosos: lo intermedio está entre dos puntos definidos y la transición se dirige a un destino definido. En realidad, el mito requiere un número incontable de formas absurdas de seres como los ratones, que cambian sin rumbo en todas las direcciones antes de transformarse por azar, como plastilina, en la forma hacia la que suponen que evolucionaron.
Todo esto, hermanos, para dos tipos de entre los más de ocho millones de tipos de organismos que Darwin supuso que tienen un origen común.
Repaso de las tinieblas del mito y los engaños de los sacerdotes de la falsa ciencia
Ahora, hermanos, repasemos las tinieblas del mito y los engaños de los sacerdotes de la falsa ciencia de los que hablamos en el episodio anterior y en el de hoy.
- Trataron a los organismos como juguetes de plastilina y dibujos de Photoshop, sin considerar sus sistemas internos ni su codificación genética.
- Pasaron por alto el hecho de que no vemos sobre la superficie de la Tierra rastro de cambios caóticos de los organismos en todas las direcciones.
- Bajaron sin justificación del mundo sensible y observable a los fósiles, y dibujaron una línea para la transformación de los organismos, aunque no reconocen que exista un plan de creación.
- Después presentaron una piastra y un chelín —es decir, fósiles— como pruebas del robo del millón.
- Ignoraron la cantidad enorme de fósiles de organismos diferenciados y conocidos entre nosotros en la realidad, y lo que eso requiere de cantidades incomparablemente mayores de fósiles transicionales según su mito.
- ¡Y, después de todo eso, sus piastras y chelines, es decir, los fósiles a los que se aferran, están falsificados o mal interpretados!
Si comprendes esto, hermano, te reirás a carcajadas cuando algún seguidor del mito diga: «El descubrimiento de tal fósil de transición demostró que los reptiles evolucionaron en aves, resolvió la controversia y cerró el caso». Una comedia de ignorancia o de ignorancia fingida. Te reirás al verlos celebrar cualquier fósil y ni siquiera te molestarás en escuchar sus disparates sobre él.
Si lo comprendes, hermano, conocerás el sentido de la doble ignorancia y de la falsedad acumulada, y algo del sentido de estas palabras de Dios: «Son tinieblas que se superponen unas sobre otras. Si alguien extendiera su mano, apenas podría verla. A quien Dios no ilumine, jamás encontrará la luz» [Corán 24:40].
Este episodio ha tratado, pues, de cómo eluden lo que su mito implica necesariamente. Un consejo, hermano: ante cualquier idea que alguien te presente, examina qué consecuencias necesarias tiene, qué implica, antes de que te plante ese nudo engañoso de pasada y luego te haga perderte en los detalles.
Veamos ahora cómo Richard nos planteó de pasada ese nudo engañoso y después nos perdió en los detalles: después nos perdió en los detalles, los nombres y los millones de años transcurridos, a su manera… Reduzcamos un poco la velocidad para ver el momento del crimen, el momento del nudo engañoso. ¡Ven, Richard! Antes de darte la vuelta y explicarnos tus piastras falsificadas, dinos: ¿quién robó el supuesto millón de dinares?
Hasta ahora, hermanos, hemos hablado de: mezclar el mito con la realidad, deslumbrar para convencerte de alquilar la mente, hablarles como a niños y evadir lo que necesariamente se sigue del mito. La paz sea con ustedes.
Fuente: Sitio oficial del Dr. Eyad Qunaibi.