El mito de la evolución

Invenciones e interpretaciones engañosas de los hechos

¿Qué muestran el experimento de Miller y los fósiles citados? El artículo cuestiona las interpretaciones evolucionistas de varios hallazgos científicos.

Invenciones e interpretaciones engañosas de los hechos
 

El experimento de Miller

 


Miller con su aparato experimental
Los evolucionistas citan a veces el experimento de Miller como prueba de que la vida se formó por azar en las condiciones de la Tierra primitiva. Sin embargo, aquel experimento, realizado hace unos cincuenta años, perdió su relevancia científica a raíz de los descubrimientos posteriores.

 

El químico estadounidense Stanley Miller realizó en 1953 un experimento para respaldar el escenario de la evolución molecular. Sostenía que la atmósfera terrestre primitiva estaba compuesta por metano, amoníaco e hidrógeno. Combinó esos gases en un montaje experimental y sometió la mezcla a descargas eléctricas. Casi un mes después observó que se habían formado algunos aminoácidos.

LA CONCEPCIÓN ERRÓNEA DE LA ATMÓSFERA PRIMORDIAL

Miller afirmaba haber reproducido fielmente las condiciones de la atmósfera primitiva. Sin embargo, los gases que utilizó no se parecían ni remotamente a los que existían entonces en la Tierra. Además, algunos mecanismos introducidos por el propio Miller intervinieron indebidamente en el experimento. En realidad, sin proponérselo, solo consiguió refutar la afirmación evolucionista de que los aminoácidos podían formarse espontáneamente en condiciones naturales.

Este descubrimiento despertó gran entusiasmo entre los evolucionistas. En los siguientes veinte años, algunos evolucionistas, como Sydney Fox y Cyril Ponnamperuma, intentaron desarrollar el escenario de Miller.

Los descubrimientos de los años setenta refutaron aquellos intentos, conocidos como «experimentos de la atmósfera primitiva». Se reveló que el modelo de atmósfera basado en metano y amoníaco, propuesto por Miller y aceptado por otros evolucionistas, era totalmente erróneo. Miller había elegido esos gases deliberadamente porque facilitaban la formación de aminoácidos. Sin embargo, los descubrimientos científicos mostraban que la atmósfera primitiva estaba compuesta por nitrógeno, dióxido de carbono y vapor de agua.J. P. Ferris y C. T. Chen, «Photochemistry of Methane, Nitrogen, and Water Mixture As a Model for the Atmosphere of the Primitive Earth», Journal of American Chemical Society, vol. 97:11, 1975, p. 2964.
 Este modelo de atmósfera no era en modo alguno adecuado para la formación de aminoácidos. Además, se estableció que una gran cantidad de oxígeno se producía de forma natural en la atmósfera primordial. «New Evidence on Evolution of Early Atmosphere and Life», Bulletin of the American Meteorological Society, vol. 63, noviembre de 1982, pp. 1328-1330.Esto también refuta el escenario evolucionista, pues el oxígeno libre descompondría los aminoácidos.

 

HIPÓTESIS DE MILLER LAS CONDICIONES REALES ¿POR QUÉ ESTE EXPERIMENTO ES INVÁLIDO?
Usó metano, amoníaco y vapor de agua en su experimento.  La tierra primitiva contenía dióxido de carbono y nitrógeno en lugar de metano y amoníaco.

Los estadounidenses Ferris y Chen repitieron el experimento con los gases presentes en la atmósfera primitiva. No obtuvieron ningún aminoácido.

 Afirmó que el oxígeno no existía en la atmósfera primitiva.  Los descubrimientos muestran que había una gran cantidad de oxígeno libre en la atmósfera primitiva. Con tal cantidad de oxígeno disponible, incluso con la hipótesis altamente improbable de que se hubieran formado aminoácidos, habrían terminado descomponiéndose.
Introdujo un mecanismo especial para sintetizar los aminoácidos. Esta «trampa fría» los aislaba del medio en cuanto se formaban y los preservaba. Era imposible que el tipo de mecanismo utilizado en este experimento existiera espontáneamente en la naturaleza. En condiciones naturales, los aminoácidos están expuestos a todo tipo de factores externos destructivos.  Si el mecanismo de "trampa fría" no hubiera existido, la fuente de chispas y otros materiales químicos liberados durante el experimento habría destruido los aminoácidos.

EL EXPERIMENTO FALLIDO DE FOX

Inspirados en el escenario de Miller, los evolucionistas realizaron distintos experimentos en los años siguientes. Sydney Fox produjo las moléculas de la imagen, a las que llamó «proteinoides», combinando algunos aminoácidos. Estas cadenas inútiles no tenían nada que ver con las proteínas verdaderas que componen a los seres vivos. En realidad, los esfuerzos demostraron que la vida no surgió por simples coincidencias y que tampoco podía reproducirse en condiciones de laboratorio.

Ante estos descubrimientos, en los años ochenta la comunidad científica reconoció que el experimento de Miller y los posteriores «experimentos de la atmósfera primitiva» carecían por completo de sentido. Tras un largo silencio, el propio Miller admitió que la atmósfera utilizada no era realista."El crisol de la vida", Earth, febrero de 1998, p. 34

 

Además, cabe destacar que toda esta conmoción solo se había desencadenado por la simple formación de aminoácidos, aunque es imposible que estas moléculas orgánicas básicas pudieran dar lugar, por casualidad, a estructuras extremadamente complicadas como las proteínas y producir una célula viva que ni siquiera la humanidad es capaz de reproducir en nuestros laboratorios modernos.

Los cincuenta años transcurridos desde el experimento de Miller solo han puesto aún más de manifiesto el fracaso de la teoría de la evolución en el ámbito molecular.

LA CONFESIÓN DE MILLER :

Hoy, el propio Miller ha aceptado que su experimento de 1953 estaba muy lejos de explicar el origen de la vida.

 

 


La idea errónea sobre el celacanto


EL FIN DEL MITO

¡El celacanto sigue vivo! El equipo que capturó el primer ejemplar vivo en el océano Índico el 22 de diciembre de 1938 posa aquí con el pez.

Hasta hace 70 años, los evolucionistas tenían un fósil de pez que consideraban el "antepasado de los animales terrestres". Sin embargo, los avances científicos han puesto fin a todas sus afirmaciones sobre este pez.

La ausencia de fósiles de formas intermedias entre peces y anfibios es una realidad que los propios evolucionistas han acabado admitiendo. Sin embargo, hace apenas setenta años se consideraba que el fósil de un pez llamado «celacanto» era una forma intermedia completa. Se afirmaba que este pez, de unos 410 millones de años, era una forma de transición con un pulmón primitivo, un cerebro desarrollado, sistemas digestivo y circulatorio preparados para funcionar en tierra e incluso un mecanismo rudimentario para caminar. Estas interpretaciones se aceptaron como verdades indiscutibles en los círculos científicos hasta finales de los años treinta.

Sin embargo, el 22 de diciembre de 1938, un interesante descubrimiento en el océano Índico refutó aquella supuesta verdad científica: ¡se capturó un celacanto vivo, pese a que se lo presentaba como una forma de transición extinguida hacía setenta millones de años! El hallazgo de un ejemplar vivo asestó un duro golpe a los evolucionistas, que vieron derrumbarse sus tesis. El paleontólogo evolucionista J. L. B. Smith dijo que no se habría sorprendido más de encontrarse cara a cara con un dinosaurio vivo.(Jean-Jacques Hublin, The Hamlyn Encyclopaedia of Prehistoric Animals, Nueva York: The Hamlyn Publishing Group Ltd., 1984, p. 120 )En los años siguientes se capturaron más de doscientos celacantos en distintas regiones del mundo.


DIBUJOS IMAGINARIOS Y UN CELACANTO REAL

Hasta que se encontró un ejemplar vivo, los evolucionistas presentaban al celacanto como antepasado de «todos los animales terrestres». Dibujos como los de arriba se mostraron como una realidad y se incorporaron a obras científicas. Cuando se capturó un pez vivo, en la imagen lateral, todas esas afirmaciones quedaron desacreditadas.

Los celacantos vivos revelaron hasta dónde podían llegar los evolucionistas para desarrollar sus escenarios imaginarios. Contrariamente a sus afirmaciones, los celacantos no tenían un pulmón primitivo y mucho menos un cerebro grande. El órgano que los investigadores evolutivos dijeron que era un pulmón primitivo resultó ser nada más que un saco lipídico.(Jacques Millot, "El celacanto", Scientific American, vol. 193, diciembre de 1955, p. 39)

Además, el celacanto que se presentó como un "reptil candidato que se prepara para pasar del mar a la tierra" era en realidad un pez que vivía en las profundidades de los océanos y siempre permanecía a más de 180 metros de la superficie.(Bilim ve Teknik (Ciencia y tecnología), noviembre de 1998, no. 372, p. 21)

LA DIFERENCIA ENTRE ALETAS Y PATAS



La razón por la que los evolucionistas imaginaron que el celacanto y peces similares eran "los antepasados de los animales terrestres" radica en el hecho de que estos peces tienen aletas óseas. Suponen que estos huesos se convirtieron en patas con el tiempo. Sin embargo, hay una diferencia básica entre los huesos de estos peces y las patas de los animales terrestres: estos huesos no están unidos a la columna vertebral del animal, como vemos en la imagen de arriba. En los animales terrestres, sin embargo, los huesos están unidos directamente a la columna vertebral, como vemos en la imagen a continuación. Por esto, decir que estas aletas se han convertido gradualmente en patas carece de fundamento.



 

 

La idea errónea sobre Archaeopteryx


Reconstrucción del arqueópterix

El fósil del arqueópterix es la única evidencia que los evolucionistas han encontrado para apoyar el hecho de que "las aves evolucionaron a partir de los dinosaurios". Los últimos descubrimientos, sin embargo, demuestran que esta criatura es solo una especie de ave extinta.

El candidato de forma intermedia más importante al que se refieren los evolucionistas es un fósil de ave llamado arqueópterix de hace 150 millones de años. Los evolucionistas afirman que este fósil de ave era un semi-dinosaurio que no podía volar correctamente.


LEYENDAS DE EVOLUCIONISTAS
Aprovechando la confianza popular en los científicos, los evolucionistas han llegado a afirmar que «pequeños dinosaurios desarrollaron alas y se convirtieron en aves». Sin embargo, su explicación de esa transformación es un cuento inverosímil. Como muestran sus dibujos, sostienen que algunos dinosaurios, al agitar las patas delanteras para espantar moscas, fueron adquiriendo alas. Este escenario imaginario plantea una pregunta interesante: ¿cómo adquirieron alas las moscas, que ya volaban y poseían una extraordinaria aerodinámica, batiéndolas de forma sincronizada quinientas veces por segundo?

Esta afirmación evolucionista, que ha demostrado ser falsa una y otra vez, se derrumbó definitivamente con el fósil de un arqueópterix desenterrado en 1992.

La supuesta ausencia del esternón, el hueso del pecho esencial para la musculatura del vuelo, se consideraba la principal prueba de que esta ave no podía volar bien. El séptimo fósil de arqueópterix, desenterrado en 1992, reveló que ese hueso, cuya ausencia habían defendido durante tanto tiempo los evolucionistas, sí existía. Su presencia demostró que el arqueópterix era un ave voladora.(Nature, vol. 382, 1 de agosto de 1996, p. 401).

También se ha demostrado que las garras de las alas y los dientes, los otros dos rasgos citados para presentar al arqueópterix como forma intermedia, no implican tal cosa. Dos aves actuales, el turaco y el hoacín, tienen garras en las alas con las que se agarran a las ramas. A lo largo de la historia también hubo distintas especies de aves con dientes. Además, según las mediciones de reconocidos ornitólogos como Martin, Stewart y Whetstone, la estructura dental del arqueópterix era completamente distinta de la de los reptiles.(L. D. Martin, J. D. Stewart, K. N. Whetstone, The Auk, vol. 98, 1980, p. 86) Todos estos descubrimientos prueban que las afirmaciones evolutivas que consisten en considerar al arqueópterix como una forma intermedia no tienen base científica.

Un fósil de Confuciusornis y una ilustración del pájaro

OTROS PICOS SIN DIENTES
Confuciusornis, cuyo fósil vemos aquí, vivió en el mismo período geológico que el arqueópterix. Pero a diferencia de este último, no tenía dientes en el pico. Este descubrimiento reveló que el arqueópterix no era "primitivo", sino más bien una especie original de ave.
PLUMAS Y ESCAMAS
La teoría de la evolución se ve obligada a proponer la hipótesis de que las plumas que están perfectamente diseñadas para volar evolucionaron a partir de las escamas de los reptiles. Las plumas y las escamas, sin embargo, son completamente diferentes entre sí en términos de origen genético y desarrollo embriológico. Arriba está la estructura detallada de la pluma de un pájaro y, a un lado, las escamas de un reptil.
Hoacín

LAS GARRAS DEL HOACÍN
Algunas aves actuales tienen rasgos semejantes a los del arqueópterix. Por ejemplo, el hoacín también presenta estructuras parecidas a garras en las alas.