Invenciones e interpretaciones engañosas de los hechos
¿Qué muestran el experimento de Miller y los fósiles citados? El artículo cuestiona las interpretaciones evolucionistas de varios hallazgos científicos.
La idea errónea sobre el celacanto
Hasta hace 70 años, los evolucionistas tenían un fósil de pez que consideraban el "antepasado de los animales terrestres". Sin embargo, los avances científicos han puesto fin a todas sus afirmaciones sobre este pez. La ausencia de fósiles de formas intermedias entre peces y anfibios es una realidad que los propios evolucionistas han acabado admitiendo. Sin embargo, hace apenas setenta años se consideraba que el fósil de un pez llamado «celacanto» era una forma intermedia completa. Se afirmaba que este pez, de unos 410 millones de años, era una forma de transición con un pulmón primitivo, un cerebro desarrollado, sistemas digestivo y circulatorio preparados para funcionar en tierra e incluso un mecanismo rudimentario para caminar. Estas interpretaciones se aceptaron como verdades indiscutibles en los círculos científicos hasta finales de los años treinta. Sin embargo, el 22 de diciembre de 1938, un interesante descubrimiento en el océano Índico refutó aquella supuesta verdad científica: ¡se capturó un celacanto vivo, pese a que se lo presentaba como una forma de transición extinguida hacía setenta millones de años! El hallazgo de un ejemplar vivo asestó un duro golpe a los evolucionistas, que vieron derrumbarse sus tesis. El paleontólogo evolucionista J. L. B. Smith dijo que no se habría sorprendido más de encontrarse cara a cara con un dinosaurio vivo.(Jean-Jacques Hublin, The Hamlyn Encyclopaedia of Prehistoric Animals, Nueva York: The Hamlyn Publishing Group Ltd., 1984, p. 120 )En los años siguientes se capturaron más de doscientos celacantos en distintas regiones del mundo.
Los celacantos vivos revelaron hasta dónde podían llegar los evolucionistas para desarrollar sus escenarios imaginarios. Contrariamente a sus afirmaciones, los celacantos no tenían un pulmón primitivo y mucho menos un cerebro grande. El órgano que los investigadores evolutivos dijeron que era un pulmón primitivo resultó ser nada más que un saco lipídico.(Jacques Millot, "El celacanto", Scientific American, vol. 193, diciembre de 1955, p. 39)
Además, el celacanto que se presentó como un "reptil candidato que se prepara para pasar del mar a la tierra" era en realidad un pez que vivía en las profundidades de los océanos y siempre permanecía a más de 180 metros de la superficie.(Bilim ve Teknik (Ciencia y tecnología), noviembre de 1998, no. 372, p. 21)
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La idea errónea sobre Archaeopteryx
El fósil del arqueópterix es la única evidencia que los evolucionistas han encontrado para apoyar el hecho de que "las aves evolucionaron a partir de los dinosaurios". Los últimos descubrimientos, sin embargo, demuestran que esta criatura es solo una especie de ave extinta. El candidato de forma intermedia más importante al que se refieren los evolucionistas es un fósil de ave llamado arqueópterix de hace 150 millones de años. Los evolucionistas afirman que este fósil de ave era un semi-dinosaurio que no podía volar correctamente.
Esta afirmación evolucionista, que ha demostrado ser falsa una y otra vez, se derrumbó definitivamente con el fósil de un arqueópterix desenterrado en 1992. La supuesta ausencia del esternón, el hueso del pecho esencial para la musculatura del vuelo, se consideraba la principal prueba de que esta ave no podía volar bien. El séptimo fósil de arqueópterix, desenterrado en 1992, reveló que ese hueso, cuya ausencia habían defendido durante tanto tiempo los evolucionistas, sí existía. Su presencia demostró que el arqueópterix era un ave voladora.(Nature, vol. 382, 1 de agosto de 1996, p. 401). También se ha demostrado que las garras de las alas y los dientes, los otros dos rasgos citados para presentar al arqueópterix como forma intermedia, no implican tal cosa. Dos aves actuales, el turaco y el hoacín, tienen garras en las alas con las que se agarran a las ramas. A lo largo de la historia también hubo distintas especies de aves con dientes. Además, según las mediciones de reconocidos ornitólogos como Martin, Stewart y Whetstone, la estructura dental del arqueópterix era completamente distinta de la de los reptiles.(L. D. Martin, J. D. Stewart, K. N. Whetstone, The Auk, vol. 98, 1980, p. 86) Todos estos descubrimientos prueban que las afirmaciones evolutivas que consisten en considerar al arqueópterix como una forma intermedia no tienen base científica.
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Miller afirmaba haber reproducido fielmente las condiciones de la atmósfera primitiva. Sin embargo, los gases que utilizó no se parecían ni remotamente a los que existían entonces en la Tierra. Además, algunos mecanismos introducidos por el propio Miller intervinieron indebidamente en el experimento. En realidad, sin proponérselo, solo consiguió refutar la afirmación evolucionista de que los aminoácidos podían formarse espontáneamente en condiciones naturales.
Inspirados en el escenario de Miller, los evolucionistas realizaron distintos experimentos en los años siguientes. Sydney Fox produjo las moléculas de la imagen, a las que llamó «proteinoides», combinando algunos aminoácidos. Estas cadenas inútiles no tenían nada que ver con las proteínas verdaderas que componen a los seres vivos. En realidad, los esfuerzos demostraron que la vida no surgió por simples coincidencias y que tampoco podía reproducirse en condiciones de laboratorio.








